Encajado entre dos talleres, devorado en treinta minutos, demasiado pesado para la tarde que viene después: el almuerzo suele ser el gran sacrificado del seminario. Sin embargo, es ahí donde se producen muchas de las conversaciones que de verdad importan.
El almuerzo del seminario, ese momento que organizamos mal

Son las 12:40. La mañana lleva veinte minutos de retraso y la solución parece evidente: recortar el tiempo del almuerzo. Treinta minutos, una bandeja y todo el mundo de vuelta en la sala a las 13:15. Sobre el papel, el programa está a salvo. En la práctica, acabamos de sacrificar uno de los momentos más útiles del día. Entonces, ¿cómo convertir el almuerzo en un momento clave en lugar de usarlo como margen de ajuste?

1) Si es demasiado corto, el almuerzo no sirve de nada
El almuerzo de un seminario no sirve solo para reponer fuerzas. A menudo es el único momento del día en el que los participantes pueden hablar libremente, sin un orden del día, con compañeros con los que rara vez coinciden. Las ideas que han surgido por la mañana siguen desarrollándose, los desacuerdos se suavizan y nacen nuevos proyectos.
Para que todo eso tenga tiempo de suceder, hay que contar con al menos una hora. Con menos tiempo, la comida se convierte en una carrera y las conversaciones se quedan en lo superficial.
2) Demasiado pesado, te arruina la tarde
Todos conocemos el bajón de las dos de la tarde. No se debe solo a la hora, sino que también depende mucho de lo que hayamos comido. Una comida muy pesada, con salsas y un postre abundante, hace que sea mucho más difícil mantener la energía por la tarde.
Es mejor optar por platos equilibrados, verduras y raciones moderadas, y reservar los caprichos para la pausa de la tarde. No se trata de privar a los participantes de nada, sino de mantener un buen ritmo.
3) Sentado o de pie, todo depende del objetivo
El almuerzo sentado favorece las conversaciones largas y profundas, pero mantiene a los mismos grupos durante una hora. El formato de pie, ya sea un bufé o un cóctel a la hora del almuerzo, facilita que los asistentes se muevan e interactúen más, pero se presta menos a conversaciones de fondo.
No hay una respuesta correcta que sirva para todos los casos. Si el objetivo de la jornada es crear vínculos entre departamentos que no se conocen, el formato de pie suele tener ventaja. Si se busca profundizar en una reflexión de fondo, es mejor sentarse.

4) Mezclar las mesas, sin que sea una obligación
Si se les deja elegir, los participantes casi siempre se sientan con su equipo habitual. Una distribución orientativa de los asientos, o una simple indicación como «siéntense con alguien a quien no conozcan», basta para propiciar encuentros que de otro modo no se habrían producido.
Lo importante es que la indicación siga siendo sencilla. No se trata de controlar el almuerzo, sino de darle un pequeño empujón.
5) Prever las necesidades alimentarias
Dietas vegetarianas, sin gluten, alergias, restricciones religiosas: una comida exitosa es aquella en la que nadie acaba con un plato aparte, preparado a última hora. Esta información se recoge en el momento de la inscripción y se comunica al establecimiento con suficiente antelación, para que todos coman igual de bien.
6) El lugar adecuado marca la diferencia
Un almuerzo de seminario se disfruta más en un espacio diseñado para ello, con luz, espacio para moverse e, idealmente, acceso al exterior. En Comet, la propuesta gastronómica lleva la firma de la Table du Chef Meliava, con una cocina pensada para las jornadas de trabajo: generosa sin resultar pesada y atenta a las necesidades de cada persona.
En Comet, de hecho, observamos que el almuerzo se menciona muy a menudo en los comentarios de los participantes, a veces incluso más que los talleres de la mañana.
Entonces, ¿cuánto falta para el almuerzo?
Al menos una hora, una comida que no haga pesada la tarde, un formato elegido en función del objetivo de la jornada y un pequeño empujón para que los asistentes se mezclen en las mesas: no es gran cosa y, sin embargo, suele ser lo que marca la diferencia entre un seminario eficaz y uno memorable.
Un buen seminario también se valora por lo que se sirve en el plato.
comet-meetings.com/seminaire-entreprise-paris





